Terapias de tercera generación: qué son y qué tipos existen
Las terapias de tercera generación son un conjunto de enfoques psicológicos que prestan especial atención al contexto y a la forma en la que una persona se relaciona con sus pensamientos, emociones y sensaciones.
En lugar de intentar eliminar todo pensamiento o emoción desagradable, ayudan a responder ante estas experiencias con mayor apertura y flexibilidad, mientras se desarrollan conductas orientadas hacia objetivos y valores personales.
También se conocen como terapias de tercera ola y muchas de ellas forman parte de las llamadas terapias contextuales. Surgieron y se consolidaron principalmente desde las décadas de 1980 y 1990 como una evolución dentro de la tradición conductual y cognitivo-conductual.
¿Qué son las terapias de tercera generación?
Son intervenciones que mantienen principios de aprendizaje y cambio conductual, pero amplían el foco hacia la aceptación, el mindfulness, la metacognición, la relación terapéutica, los valores y la función que cumple una conducta en su contexto.
Por ejemplo, ante un pensamiento como “voy a fracasar”, el objetivo no siempre será demostrar que es falso. Dependiendo del enfoque, se puede aprender a observarlo como un pensamiento, permitir la ansiedad que genera y actuar según lo que importa, sin dejar que ese contenido determine la conducta.
Esto no significa aceptar pasivamente una situación dañina ni renunciar al cambio. Significa diferenciar entre el dolor inevitable y la lucha que puede intensificarlo, para elegir respuestas más útiles.
¿“Tercera generación” y “terapias contextuales” significan exactamente lo mismo?
Los términos se utilizan a menudo como equivalentes, pero no son idénticos en todas las clasificaciones. “Tercera generación” agrupa distintos desarrollos posteriores de las terapias conductuales y cognitivas, mientras que “terapias contextuales” destaca los modelos que analizan especialmente el contexto y la función de la conducta.
La propia clasificación en tres generaciones es útil para comprender la evolución histórica, aunque sigue siendo objeto de debate académico y algunos enfoques pueden situarse en categorías diferentes según el autor.
Evolución de la terapia psicológica: las tres generaciones
Hablar de generaciones permite resumir cómo fueron ampliándose los objetivos y métodos de las terapias conductuales. No implica que una generación sustituya por completo a la anterior: en la práctica actual se integran principios y técnicas de las tres.
Primera generación: terapias conductuales
Se desarrolló a partir del conductismo y se centró en la conducta observable, el aprendizaje y la influencia del entorno. Autores como B. F. Skinner y John B. Watson fueron referentes de esta etapa.
- Analiza cómo se aprende y se mantiene la conducta.
- Utiliza principios como el condicionamiento, el refuerzo y la exposición.
- Trabaja principalmente sobre patrones de comportamiento observables.
Segunda generación: terapias cognitivo-conductuales
Incorporó el estudio de pensamientos, creencias e interpretaciones al análisis de la conducta. Las aportaciones de Aaron Beck y Albert Ellis fueron fundamentales para el desarrollo de la terapia cognitiva y racional-emotiva.
- Estudia la relación entre pensamientos, emociones y conductas.
- Puede identificar y revisar interpretaciones poco útiles o sesgadas.
- Incluye técnicas cognitivas y conductuales con amplia investigación.
Tercera generación: terapias contextuales
Amplía la tradición conductual y cognitivo-conductual al prestar especial atención al contexto, la función de la conducta, la aceptación, la atención plena y los valores personales.
- Analiza para qué sirve una conducta dentro de un contexto.
- Busca reducir la lucha rígida contra el malestar.
- Promueve flexibilidad psicológica y acciones valiosas.
Diferencia entre la segunda y la tercera generación
La terapia cognitivo-conductual tradicional puede trabajar el contenido y la utilidad de los pensamientos mediante técnicas como la reestructuración cognitiva. Las terapias de tercera generación suelen enfatizar el contexto, los procesos y la relación con esos pensamientos, utilizando aceptación, mindfulness, defusión o estrategias metacognitivas.
Esta diferencia no es absoluta. Muchos tratamientos cognitivo-conductuales actuales integran ambos tipos de estrategias según el problema y las necesidades de la persona.
Terapia cognitivo-conductualPrincipios de las terapias de tercera generación
Contexto y función
No solo importa qué hace o piensa una persona, sino en qué situación ocurre y qué función cumple esa respuesta.
Aceptación
Implica abrir espacio a experiencias internas difíciles cuando intentar controlarlas de forma rígida aumenta el sufrimiento.
Atención plena
Entrena la capacidad de observar el momento presente con mayor conciencia y menor reactividad automática.
Valores personales
Ayuda a identificar qué es importante para la persona y a utilizarlo como orientación para sus decisiones.
Flexibilidad psicológica
Permite adaptar la conducta a la situación y avanzar hacia objetivos valiosos incluso cuando aparece malestar.
Cambio conductual
La aceptación no significa resignación: estos enfoques también promueven acciones concretas y cambios observables.
Aceptar no es resignarse
En estos enfoques, la aceptación consiste en reconocer pensamientos, emociones y sensaciones sin dedicar todos los esfuerzos a evitarlos o controlarlos. La persona aprende a elegir qué hacer a continuación, incluso cuando el malestar está presente.
Si una situación puede cambiarse, la terapia promueve acciones concretas para modificarla. Si no puede controlarse de forma inmediata, ayuda a reducir respuestas rígidas que agravan el sufrimiento y a mantener conductas coherentes con los propios objetivos.
¿Qué terapias forman parte de la tercera generación?
ACT, DBT, MBCT y FAP se incluyen habitualmente entre los principales modelos de tercera generación. Otros enfoques, como la activación conductual, la terapia centrada en la compasión y la terapia metacognitiva, se asocian con frecuencia a esta evolución, aunque su clasificación puede variar.
Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)
Ayuda a relacionarse de forma más flexible con pensamientos, emociones y sensaciones difíciles, al mismo tiempo que se desarrollan acciones coherentes con los valores personales. Sus procesos incluyen aceptación, defusión cognitiva, contacto con el presente, yo como contexto, valores y acción comprometida.
Terapia Dialéctico-Conductual (DBT)
Desarrollada por Marsha Linehan, combina aceptación y cambio. Entrena mindfulness, tolerancia al malestar, regulación emocional y efectividad interpersonal. Se ha aplicado especialmente ante desregulación emocional intensa, impulsividad y trastorno límite de la personalidad.
Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (MBCT)
Integra elementos de la terapia cognitiva con prácticas de atención plena. Enseña a observar pensamientos, emociones y sensaciones sin reaccionar automáticamente ante ellos, reduciendo patrones como la rumiación y el funcionamiento en piloto automático.
Psicoterapia Analítico-Funcional (FAP)
Desarrollada por Robert Kohlenberg y Mavis Tsai, utiliza la relación terapéutica como contexto de cambio. Las conductas relevantes que aparecen durante la sesión se observan y trabajan porque pueden reflejar dificultades que también se producen fuera de ella.
Activación Conductual
Se utiliza especialmente en depresión para reducir la evitación y recuperar actividades conectadas con objetivos, rutinas y fuentes de refuerzo. La acción se planifica de forma gradual, incluso cuando al principio la motivación es baja.
Terapia Centrada en la Compasión (CFT)
Entrena una relación más comprensiva y menos crítica con uno mismo. Puede resultar útil cuando predominan la vergüenza, la culpa o una autocrítica intensa, combinando psicoeducación y ejercicios de atención, imaginación y conducta compasiva.
Terapia Metacognitiva (TMC)
Desarrollada por Adrian Wells, se centra en las creencias sobre el propio pensamiento y en procesos como la preocupación, la rumiación, la vigilancia de amenazas o los intentos rígidos de controlar la mente.
Beneficios de las terapias de tercera generación
Los beneficios dependen del modelo utilizado, del problema, de los objetivos y de la participación en el tratamiento. Cuando están indicadas, estas terapias pueden ayudar a:
- Relacionarse de manera más flexible con pensamientos y emociones difíciles.
- Reducir la evitación experiencial y la lucha constante contra el malestar.
- Mejorar habilidades de regulación emocional y tolerancia al malestar.
- Aumentar la conciencia de patrones automáticos de respuesta.
- Clarificar valores y traducirlos en objetivos y acciones.
- Desarrollar una actitud menos crítica y más compasiva hacia uno mismo.
¿Para qué problemas se utilizan?
Existen protocolos de tercera generación aplicados a diferentes problemas psicológicos. La elección no depende únicamente del diagnóstico: también se valoran los procesos que mantienen el malestar y la evidencia específica de cada tratamiento.
Ansiedad
Evitación, preocupación persistente, miedo a las sensaciones y lucha contra pensamientos intrusivos.
Depresión
Rumiación, aislamiento, pérdida de actividad y desconexión de objetivos personales significativos.
Regulación emocional
Emociones intensas, impulsividad, dificultad para tolerar el malestar o conflictos interpersonales.
Autoestima y autocrítica
Vergüenza, exigencia rígida, juicio constante hacia uno mismo y dificultad para actuar desde los valores.
¿Tienen evidencia científica?
Sí, existe investigación sobre distintos modelos de tercera generación, pero la evidencia no es idéntica para todas las terapias ni para todos los problemas. ACT, DBT, MBCT y activación conductual cuentan con estudios en diferentes poblaciones y condiciones.
Que una terapia pertenezca a la tercera generación no garantiza por sí solo que sea la opción más adecuada. El tratamiento debe seleccionarse según la evaluación clínica, las preferencias de la persona y la evidencia disponible para el problema concreto.
Preguntas frecuentes sobre las terapias de tercera generación
Ambas pertenecen a la tradición cognitivo-conductual y comparten técnicas. La terapia cognitivo-conductual tradicional suele trabajar de forma más directa con el contenido de pensamientos y conductas, mientras que los enfoques de tercera generación prestan especial atención al contexto, la función de la conducta y la relación que la persona mantiene con sus experiencias internas.
Según el modelo y el problema tratado, pueden ayudar a reducir la evitación, mejorar la regulación emocional, responder con mayor flexibilidad a pensamientos y emociones difíciles, aclarar valores personales y desarrollar conductas coherentes con ellos.
Se utilizan, con adaptaciones específicas, en problemas como ansiedad, depresión, dificultades de regulación emocional, impulsividad, baja autoestima, autocrítica y algunos trastornos de personalidad. La elección del tratamiento debe basarse en una evaluación profesional y en la evidencia disponible para cada problema.
Conclusión
Las terapias de tercera generación amplían la tradición cognitivo-conductual al estudiar el contexto, la función de la conducta y la relación que mantenemos con nuestros pensamientos y emociones.
No buscan eliminar cualquier forma de malestar, sino desarrollar una respuesta más flexible ante él. La aceptación, la atención plena, la regulación emocional, la compasión y los valores se utilizan para reducir patrones rígidos y facilitar acciones que mejoren el bienestar y la vida cotidiana.
Escrito por Raquel Rodríguez Cortés, Psicóloga General Sanitaria.
Referencias bibliográficas +
- Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change (2nd ed.). Guilford Press.
- Beck, A. T. (1979). Cognitive Therapy and the Emotional Disorders. Penguin.
- Linehan, M. M. (2015). DBT Skills Training Manual (2nd ed.). Guilford Press.
- Hayes, S. C., & Hofmann, S. G. (2021). “Third-wave” cognitive and behavioral therapies and the emergence of a process-based approach to intervention in psychiatry. World Psychiatry, 20(3), 363-375. pmc.ncbi.nlm.nih.gov