Ayer nos golpeó la triste noticia del fallecimiento de Robin Williams. Un actor polifacético que nos ha dejado películas inolvidables como el hombre bicentenario, el club de los poetas muertos y tantas otras con las que muchos de nosotros hemos disfrutado.

Robin WilliamsDetrás de este gran actor, se "escondía" el hombre, un hombre atormentado por su propia existencia. Nos puede sonar raro, que una persona que tiene "todo" lo material que se pueda desear sufriera un trastorno tan devastador como la depresión, pero es que hay cosas que el dinero no puede comprar, y es el sentido de nuestra propia existencia.

Dotar nuestra vida de un propósito, darle un significado personal es lo que nos conecta con ella y nos permite crear una vida que merezca la pena ser vivida. Estos propósitos, que a menudo y para muchas personas no son  grandes "gestas", son lo que nos une a la vida, para algunas personas puede ser desarrollar un talento personal, para otras puede ser la vinculación con los demás, para otras puede ser el emprender un proyecto personal, etc, pero para todas ellas es lo que les hace trascender las dificultades inherentes a la vida que nos toca vivir.

En la depresión, este sentido de la vida se ha perdido, se ha desvanecido quedando un sentimiento profundo de tristeza y de desesperanza, que arrastra a la persona a un sufrimiento insoportable en el que la vida en si misma se ha convertido en un continuo de desesperación en el que ya no espera nada de ella. Este sentimiento cada vez más extendido en nuestra sociedad, quizás nos advierta de que algo estamos haciendo terriblemente mal en la manera en la que estamos gestionando nuestras vidas, quizás nos esté diciendo que lo que realmente nos hace felices y nos hace sentirnos personas lo estamos dejando en un segundo plano, dando importancia a cosas que realmente no lo son tanto.

Quizás cada uno de nosotros debamos reflexionar sobre que es lo que le da sentido a nuestra vida, qué es lo que nos hace sentir que nuestra vida es valiosa y enfocarnos hacia ello, ya que el que tiene un porqué para vivir, puede encontrar el cómo.