Los estados de ánimo conforman el marco emocional a través del cual experimentamos el mundo que nos rodea y condicionan todos los aspectos de nuestra vida.
La depresión es un proceso patológico en el que aparece tristeza intensa, sensación de vacío, insatisfacción, incapacidad para disfrutar y sentimientos de inutilidad o culpabilidad.
Los procesos depresivos impactan en la vida de quien los sufre y en su entorno cercano, porque la persona puede sentirse incapaz de afrontar demandas cotidianas que antes asumía con normalidad.
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Si ya no disfrutas con nada, te sientes vacío, triste o desesperanzado, o te invaden sentimientos de culpa o inutilidad... es posible que estés padeciendo un trastorno depresivo.
Cuando nuestro estado de ánimo se mantiene dentro de límites saludables, nuestras emociones son ajustadas a las situaciones y nos ayudan a gestionar conflictos internos y externos.
La tristeza es un sentimiento adaptativo ante situaciones de pérdida: disminuye la energía, favorece la reflexión y puede expresarse mediante el llanto para rebajar tensión emocional y recibir apoyo.
En los trastornos del estado de ánimo se rompe ese equilibrio interno. La depresión no es una tristeza normal, sino un estado de melancolía profunda e incapacidad para disfrutar de cosas que antes generaban placer.
Los síntomas de la depresión afectan a diferentes niveles de la persona:
Fatiga, insomnio o hipersomnia, pérdida o aumento de peso, pérdida del deseo sexual, dolores difusos sin origen orgánico y falta de energía.
Dificultades de concentración, problemas para recordar detalles, indecisión, pensamientos negativos sobre uno mismo, el futuro o los demás y pensamientos suicidas.
Enlentecimiento motor, pérdida de rutinas, abandono del aseo personal o social y pérdida de interés por actividades antes gratificantes.
Tristeza persistente, ansiedad, vacío, desesperanza, pesimismo, culpabilidad, inutilidad, impotencia, irritabilidad e inquietud.
Actualmente sabemos que la depresión tiene una causa multifactorial y es resultado de factores genéticos, psicológicos, bioquímicos y ambientales.
Los estudios familiares y con gemelos indican que el factor genético puede estar involucrado. También se ha relacionado la depresión con descensos en neurotransmisores como la serotonina y con determinadas enfermedades endocrinas.
Rasgos perfeccionistas, autoexigentes, hiperresponsables, baja tolerancia al estrés, falta de autoestima y baja autoaceptación pueden actuar como factores de predisposición.
Otro factor relevante es la falta de refuerzos en la vida. Las personas con depresión suelen mantener una tasa baja de actividades gratificantes, objetivos o interacciones sociales satisfactorias, lo que dificulta la regulación del estado de ánimo.
También existen factores precipitantes, como pérdidas de seres queridos, relaciones complicadas, pérdida de trabajo o situaciones que la persona no consigue gestionar.
Predominan manifestaciones somáticas como dolores, vértigos o molestias intestinales, sin tristeza o apatía evidente.
Aparece tras el parto y cursa con tristeza profunda, irritabilidad, pérdida de interés y dificultades para el cuidado del bebé.
Se presenta en otoño e invierno, relacionado con cambios de luz solar y variaciones en melatonina y serotonina.
Junto a síntomas depresivos aparece pérdida de contacto con la realidad mediante delirios o alucinaciones.
Estado depresivo crónico, más leve que la depresión, pero persistente y limitante.
El bipolar combina fases depresivas y maníacas o hipomaníacas. El adaptativo aparece asociado a cambios vitales difíciles de gestionar.
La depresión puede afectar al área social, laboral, personal y familiar. También puede asociarse a riesgo de suicidio, por lo que debe tomarse siempre en serio.
El tratamiento de la depresión se adapta a la persona, a su situación particular, a sus comportamientos, relaciones personales e historia vital.
Aprender a resolver problemas y conflictos actuales o pasados.
Comprender las propias reacciones emocionales.
Aumentar la confianza en uno mismo y desarrollar estrategias de afrontamiento.
Desarrollar autonomía para gestionar situaciones cotidianas sin bloqueo emocional.
Solicita al psicólogo una primera sesión de consulta en la que estudiaremos en profundidad la situación que atraviesas y diseñaremos la terapia más indicada para ti.
