La compasión es una emoción que nos ayuda a comprender y compartir el sufrimiento de los demás. Sin embargo, muchas veces no sabemos a qué se refiere este término o qué implicaciones tiene para la persona. Además, podemos llegar a confundirlo con la pena o la empatía. A continuación, te contamos todo sobre esta emoción para que puedas resolver tus dudas.

¿Qué es la compasión?

En latín la palabra compasión significa sufrir de manera conjunta. Se trata de un sentimiento que aflora cuando vemos que una persona lo está pasando mal. Asimismo, también nos incita a ayudar a esa persona para intentar paliar su sufrimiento.

Incluso podríamos hablar de que es una capacidad para empatizar con el sufrimiento de otros aunque la compasión va más allá de la empatía. Por ello, es necesario diferenciar la empatía de la compasión. En ambos nos identificamos con los sentimientos de los demás, pero en la compasión además existe la intencionalidad de poner fin al sufrimiento del otro.

Somos compasivos cuando acompañamos en el hospital a una persona enferma, cuando ayudamos a personas que tienen problemas de aprendizaje o cuando ayudamos económicamente a alguien que lo necesita.

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Si acudimos al diccionario podemos comprobar que este término tiene diversos sinónimos entre los que destacan: piedad, caridad, conmiseración, clemencia, altruismo, solidaridad y humanidad. Todos ellos llevan implícito el empatizar con otra persona y hacer algo por ella. Entre los antónimos podemos destacar la crueldad, la indiferencia y la insensibilidad.

Es importante mencionar que en muchas ocasiones creemos que la compasión está ligada a conceptos religiosos. Cuando una persona religiosa pide ayuda a su Dios (sea cual sea su religión) esta persona piensa que Dios se está compadeciendo de ella y que por eso le brinda su ayuda. A pesar de que puede ser entendida en un contexto religioso, la compasión también es muy importante para las personas laicas.

¿Qué beneficios tiene sentir compasión?

Como ya se ha mencionado, cuando nos compadecemos de otros compartimos su sufrimiento, es decir, empatizamos con la persona e intentamos rebajarlo. Esto nos hace más humanos y más sensibles.

A continuación, te explicamos los principales beneficios:

  • Desarrollo de la empatía. Ponernos en la piel de otras personas hace que nos identifiquemos con sus sentimientos y que entrenemos esta habilidad.
  • Disminución del egoísmo. Cuando nos preocupamos por los sentimientos ajenos los nuestros quedan en un segundo plano, nos volvemos menos egoístas y dejamos de preocuparnos solo por nosotros.
  • Reducción de la preocupación por cosas poco importantes. Muchas veces nos preocupamos de cosas que no tienen relevancia. Al compadecernos de otros nos damos cuenta de que las cosas por las que nos preocupábamos antes no tienen verdadera importancia y dejamos de centrarnos en problemas poco significativos, ya que los problemas ajenos nos dan perspectiva sobre los propios.
  • Aumento de la humildad. Podemos darnos cuenta de que todas las personas tienen defectos y virtudes, incluso nosotros mismos. Mediante la compasión aprendemos a aceptar que no somos perfectos y que todos tenemos limitaciones.
  • Incremento de sentimientos positivos. Con el desarrollo de la compasión también incrementamos otros sentimientos positivos como la bondad, amabilidad, amor, satisfacción, afecto, etc.

 

Compasión vs sentir pena

Es importante aclarar que la compasión no tiene nada que ver con sentir pena. Cuando sentimos pena no intentamos hacer nada para remediar la situación del otro. Generalmente, cuando sentimos pena es porque no nos gustaría estar en la situación en la que se encuentra la otra persona, porque entendemos que es una situación de sufrimiento pero al mismo tiempo la percibimos como algo irremediable.

Por lo tanto, la compasión y sentir pena no tienen nada que ver la una con la otra, aunque en ocasiones se puedan confundir estos términos.

Compasión como algo negativo

La compasión se convierte en algo negativo cuando las personas lo ven como una actitud negativa en si misma o cuando descuidamos nuestra persona para cuidar a los demás.

Compasión vista como algo negativo

Se podría decir que la compasión es una emoción ambigua y ambivalente porque en muchas ocasiones la gente ve la compasión como una debilidad o como algo negativo. Cuando alguien percibe la compasión como algo negativo se hace las siguientes preguntas ¿por qué causarnos sufrimiento por lo que les ocurre a otras personas? ¿no tenemos suficiente con el sufrimiento propio? Mucha gente no entiende que padecer por otras personas sea algo positivo.

Por lo tanto, existe el pensamiento de que sufrir por otras personas significa sufrir en vano. En estos casos, cuando vemos sufrir a las personas, en vez de sentir compasión sentimos pena. Nos volvemos insensibles al dolor ajeno con el fin de protegernos.

Compasión como descuido de uno mismo.

Cuando una persona se preocupa más por otras personas que por sí misma también existe un problema. Sentir compasión está bien, pero siempre y cuando no se descuiden las necesidades propias.

Para poder ayudar a los demás primero tenemos que sentirnos bien nosotros. Como veremos más adelante, para ser compasivos en primer lugar tenemos que ser autocompasivos. Por lo tanto, si nos preocupamos más por el sufrimiento ajeno que por el nuestro no estaremos siendo autocompasivos.

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¿Por qué entrenar la compasión? ¿Cómo hacerlo?

La compasión es un valor necesario para ser personas sensibles, en definitiva, nos hace mejores personas. Es necesario, por lo tanto, desarrollar este sentimiento e inculcárselo a otras personas como, por ejemplo, a los más pequeños de la casa. Te explicamos algunas claves para entrenar la compasión.

  • Autocompasión. Lo más importante es entender que para poder ser compasivos con otras personas, primero tenemos que ser autocompasivos. Es decir, tenemos que aceptarnos, no juzgarnos y conectar con nuestros propios sentimientos y necesidades. Como hemos mencionado antes, para poder se compasivos con los demás, primero tenemos que serlo con nosotros mismos. Tenemos que aprender a querernos.
  • Entender qué es la compasión y en qué se diferencia de la pena. Debemos tener claros los conceptos que hemos ido detallando para poder distinguir todos estos términos que en un principio pueden parecer similares.
  • Meditación. Es esencial en el entrenamiento porque nos ayuda a prestar atención plena a las cosas que son verdaderamente importantes.
  • Desarrollar el aprecio y la aceptación por los demás. Reparar en las demás personas y aprender a valorarlas. Aceptar que todas las personas pueden tener limitaciones y debilidades, de la misma manera que nosotros también podemos tenerlas.
  • Inculcar compasión a los demás. Es importante enseñar a los más pequeños de la casa a sentir compasión ante las personas enfermas o que lo están pasando mal. Esto lo podemos hacer mediante cuentos, películas o poniendo ejemplos de la vida real que sean conocidos para ellos.

Asimismo, existen terapias específicas para el desarrollo y el entrenamiento de la compasión como la propuesta por Paul Gilbert (2015) llamada “Terapia Focalizada en la Compasión” (CFT). Por lo tanto, te recomendamos que si no puedes desarrollar la empatía tú mismo pidas ayuda a un profesional para que te acompañe en el camino.

En resumen, la compasión puede ser un término ambiguo porque puede ser confundido con la pena o la empatía. Aun así, a rasgos generales significa la capacidad de identificarse con el sufrimiento de los demás y tener intención de paliarlo. Esta emoción se puede entrenar mediante diferentes técnicas y puede tener diversos beneficios para nosotros como el aumento de la humildad o el desarrollo personal.

Recuerda que tal y como dijo Bram Stoker en su obra de 1897 Drácula:

Aunque la conmiseración no puede alterar los hechos, sí puede contribuir a hacerlos más soportables.

 

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