Quizás alguna vez has escuchado expresiones como, por ejemplo: “a la familia hay que pasárselo todo”, “no te quejes que es tu familia”, “en cuestiones familiares hay que aguantarlo todo”, etc. Sin embargo, esto son expresiones que podrían hacernos daño y que no son realistas. En otras palabras, son pensamientos irracionales que podrían causarnos un gran malestar.

En esta entrada vamos a hablar sobre qué es una relación familiar tóxica o disfuncional, qué indicadores existen para poder darnos cuenta o cómo podemos gestionar estas relaciones familiares.

¡Empezamos!

 

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¿Qué es una relación familiar tóxica?

Cuando hablamos de relaciones de pareja solemos tener más o menos claro qué es una relación tóxica o cuáles son los indicadores de una. Sin embargo, a la hora de hablar de relaciones familiares no saludables, no lo tenemos tan claro y no sabemos identificarlas.

Por un lado, podemos hablar de una relación familiar sana o saludable cuando todas las partes se sienten libres de hacer lo que quieran (siempre y cuando se haga dentro de unos límites) y expresar sus deseos y necesidades. Por otro lado, una relación familiar tóxica o poco saludable se produce cuando no existe la confianza, el apoyo, el respeto y/o la libertad para hacer lo que se quiera.

Es importante tener en cuenta que las relaciones familiares tóxicas se pueden producir entre cualquier miembro de la familia tanto directa como política; madres, padres, abuelos, hermanos, suegros, tíos, etc.

¿Cuáles son los indicadores de una relación familiar tóxica?

Rojas-Marcos en su libro “la familia” destaca que los familiares que son origen de dolor y sufrimiento podrían ser familiares con los que tengamos una relación poco saludable. Al fin y al cabo, como hemos comentado en el punto anterior, una relación saludable es aquella que nos aporta bienestar.

Otro aspecto que también resalta esta autora y que deberíamos tener en cuenta es que es difícil, a nivel emocional, darse cuenta de que aquella persona que nos hace daño o que es tóxica es aquella que se supone que nos tiene que proteger o cuidar. Por ello, a menudo, darnos cuenta de esto puede suponer un gran conflicto para el afectado y puede llevar a que nos preguntemos: “por qué no me he dado cuenta antes”, “he hecho algo para que esto haya ocurrido”, “si hubiera hecho lo que me pidió, esto no habría pasado”, etc. En otras palabras, pueden llegar a generarse sentimientos de culpa.

Según esta misma autora, por lo general, cuando existe una relación familiar tóxica lo que ocurre es que una de las partes podría ser un “vampiro emocional”. Hay diferentes tipos de “vampiros emocionales”:

  • Descalificadores. Su objetivo es quitarle valor y minimizar a sus víctimas.
  • Narcisistas. La finalidad es la de provocar inseguridad y sentimientos de inferioridad en otros.
  • Envidiosos. Buscan eliminar las cosas buenas de las otras personas y para ello le quitan valor a los logros o éxitos.
  • Culpabilizadores. Culpan o atribuyen la responsabilidad a otros de manera exagerada.
  • Psicópatas. Hacen daño a sabiendas y disfrutan del proceso.
  • Manipuladores. A través del chantaje emocional buscan confundir a los otros con el objetivo de que actúen tal y como ellos quieren.
  • Autoritarios. Son personas muy exigentes que buscan producir miedo en otros. De esta manera, esperan que las otras personas actúen tal y como ellos quieren.
  • Explosivos. En este caso se comportan de una manera agresiva, elevando la voz, etc. con el objetivo de intimidar. No aceptan que otras personas les lleven la contraria.

Además, otro tipo de indicadores de relaciones familiares tóxicas, podrían ser los siguientes:

  • Sobreprotección e inseguridad. Las familias que tienen tendencia a sobreproteger generan sentimientos de inseguridad en los otros. Esto hace que cuando se tengan que tomar decisiones no puedan hacerlo por sí mismos. En otras palabras, la sobreprotección puede generar inseguridad y dependencia.
  • Castigos por querer diferenciarse de la familia. Muchas veces las personas quieren diferenciarse y hacer cosas diferentes a sus familiares. Imagínate que en tu familia hay muchos médicos y tú decides no estudiar medicina para estudiar derecho. Si tu familia se enfada o intenta castigarte, podrían estar presentes algunas de las características de una reacción tóxica. Es importante tener en cuenta, que la consecuencia de esto son sentimientos de sumisión, dependencia y culpa.
  • Individualismo. Ocurre cuando algunos miembros tienen una desconexión emocional grande con otras personas. Son personas que actúan a favor de sus propios intereses y necesidades sin tener en cuenta a los demás. Son, por lo general, personas con poca empatía. Esto produce malestar y sentimientos de culpa en otros.
  • Personas demandantes, chantajistas, sin límites y que no respetan el espacio personal de otros. Son familiares que intentan satisfacer sus propias necesidades, aunque esto suponga tener que pasar por encima de las necesidades de otros. Es decir, son personas agresivas.
  • Permisión excesiva. Son familiares que no están pendientes de los otros y les dejan demasiado espacio. Esto puede producir sentimientos de abandono y culpa.
  • Falta de comunicación. En este caso las personas evitan hablar de aquellas cosas que son relevantes. El objetivo no es otro que evitar tener que hablar de conflictos o problemas reales.

Aunque estos son los indicadores más importantes, hay muchos otros como, por ejemplo: demasiada autoridad, negligencia en el cuidado, rigidez, etc.

¿Qué podemos hacer para gestionar estas relaciones familiares?

Lo primero y más importante es aprender a identificar a aquellos familiares que hacen chantaje emocional, se ofenden por todo, son muy negativos, nos faltan al respeto o nos hacen daño.

  • Desarrolla tus habilidades sociales. En concreto, empieza a ser asertivo y empieza a decir que no. Sea o no nuestro familiar, tenemos derecho a mostrar desacuerdo y decir que “no” cuando no queremos satisfacer los deseos de alguien, siempre y cuando lo hagamos desde el respeto.
  • Ten claro que nuestros familiares no son lo máximo y que no tenemos por qué obedecerles. Como hemos comentado al principio, existe la creencia cultural, aun cuando somos mayores de edad, de que le debemos respeto a nuestros familiares, pero, sobre todo a nuestros padres. Si tus padres te faltan al respeto o te impiden evolucionar, tienes derecho a alejarte de ellos y a no satisfacer lo que ellos te piden. No tienes porqué soportar un maltrato (sea físico y/o psicológico) porque sean tus familiares.
  • Expresa tus sentimientos. Es importante que le digas a tus familiares cómo te sientes cuando actúan de una manera u otra. De esta forma, quizás, puedan tener una actitud más empática contigo.

familia

  • Aléjate. Si has hecho todo lo anterior y has puesto límites y, aun así, la relación tóxica, por su parte, continúa, quizás lo mejor sea poner espacio y dejar que pase un poco el tiempo.
  • Pide ayuda. En el caso de que por ti mismo no hayas conseguido resultados, te recomendamos que te pongas en contacto con un profesional de la salud mental con el objetivo de que pueda ayudarte, entre otras cosas, a desarrollar tus habilidades sociales. En PsicoGlobal, pioneros en terapia online, diseñaremos un plan de intervención adaptado a tus necesidades.

En el caso de que seas tú el que genera esas relaciones poco sanas podrías intentar desarrollar la asertividad y la empatía. Intenta ponerte en el lugar de las otras personas y respetar su espacio.

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Conclusiones

Las relaciones familiares pueden ser complicadas y, en muchas ocasiones, ser tóxicas. Aunque culturalmente nos han enseñado que al ser familia “hay que aguantarlo todo”, esto no es así. Si los familiares nos faltan al respeto tenemos derecho a hacérselo ver de manera asertiva. Está claro que darse cuenta de que un familiar es una persona tóxica es una tarea complicada y que puede tener muchas implicaciones a nivel emocional.

El vínculo con las personas de nuestro entorno es un arma de doble filo porque, si bien las relaciones positivas tienen un impacto positivo sobre nuestra salud, las tóxicas pueden, no obstante, acabar envenenando lentamente nuestro cuerpo.

                                                                                                                                     Daniel Goleman

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Referencias bibliográficas

  • Rojas-Marcos, L. (2014). La familia: de relaciones tóxicas a relaciones sanas. Madrid: Grijalbo.