La vergüenza es una emoción social que experimentamos alguna vez a lo largo de nuestra vida. ¿Quién no ha sentido alguna vez vergüenza al tener que exponer su trabajo delante del público?

En muchas ocasiones puede ser algo que sentimos de manera puntual y que no tiene consecuencias negativas. Aun así, puede convertirse en algo patológico y puede causar mucho sufrimiento.

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¿Qué es la vergüenza? Vergüenza como emoción social

Se puede decir que la vergüenza es la emoción que surge cuando valoramos nuestras acciones como negativas, esto es que estamos haciendo algo mal y que eso va a llevar a los demás a hacer juicios negativos sobre nosotros. Es un tipo de emoción muy extendida en la sociedad, solo hay que ver la cantidad de sinónimos que tiene: timidez, rubor, bochorno o retraimiento.

Pensar en “el que dirán” puede ser algo que nos agobie, que nos cree ansiedad y en muchas ocasiones puede estar relacionado con la inseguridad.

Albert Bandura, psicólogo reconocido por postular la teoría del aprendizaje social, propuso que esta emoción podía ser la respuesta de un proceso de autorregulación de la personalidad. La autorregulación según este psicólogo se produciría en tres pasos:

  1. Observación de uno mismo. Contemplamos nuestro comportamiento.
  2. Juicio. Comparamos nuestro comportamiento con el de los demás, es decir, con los estándares que conocemos, que consideramos como correctos y aceptables por los demás.
  3. Auto respuesta. En base al juicio que hemos hecho, nos damos una respuesta. Esta respuesta puede ser:

Positiva.

Si consideramos que hemos hecho la tarea mejor que los estándares. En este caso nos sentiremos bien con nosotros mismos, sintiéndonos orgullosos y aumentando nuestra autoestima.

Negativa.

Si creemos que la tarea la hemos desempeñado peor que el estándar. En este caso se pueden crear emociones negativas como la vergüenza o la culpabilidad si entendemos que el resultado de nuestras acciones genera un perjuicio a otros.

 

Por lo tanto, se podría decir que la vergüenza surge cuando creemos que actuamos peor que el resto de las personas de nuestro alrededor. El sentimiento de estar haciendo las cosas mal nos crea inseguridad, en parte, porque buscamos constantemente la aprobación, la aceptación y la estima de las personas que nos rodean.

Vergüenza como adaptación

Como hemos visto anteriormente, las emociones son respuestas de nuestro organismo para adaptarse al entorno. Mucha gente podría pensar que esta definición de las emociones no se corresponde con la vergüenza.

Sin embargo, la vergüenza es un potente mecanismo de adaptación y un mecanismo evolutivo. La vergüenza nos señaliza que es lo correcto y aceptable dentro del grupo social y nos permite asumir las reglas sociales como propias, de este modo, cuando asimilamos como propias las reglas de los grupos de pertenencia pasamos a formar parte de él como miembro de pleno derecho.

El tener que dar nuestra opinión puede generar un sentimiento de vergüenza cuando sabemos que el resto de las personas tiene otro pensamiento. Por ejemplo, nos acabamos de mudar a una nueva comunidad de vecinos y en una reunión todos los residentes proponen pintar las paredes de blanco. Sin embargo, a nosotros ese color no nos gusta. Probablemente, como somos los únicos que pensamos diferente, no digamos nada por vergüenza y por miedo al “que dirán” de nosotros. En este caso, la vergüenza está funcionando como mecanismo de adaptación al grupo.

¿Cuándo se convierte la vergüenza en algo negativo?

Como se ha mencionado, la vergüenza es algo natural y se crea como medio de adaptación al entorno. No obstante, en muchas ocasiones, cuando esta emoción nos desborda e interfiere en nuestras actividades de la vida diaria limitándonos, puede convertirse en algo tóxico, patológico y perjudicial.

Muchas veces, esta emoción se puede vivir con mucha pena, angustia, malestar y/o dolor. Cuando ocurre esto, la persona se siente perdida y siente pena por sí misma (autocompasión) porque considera que es mucho peor que los demás. La valoración que se hace de uno mismo en estos casos es muy negativa porque piensa que es indigno, defectuoso, deficiente, imperfecto o peor en comparación con el resto de la sociedad.

Cuando estos sentimientos se apoderan de nosotros, nos volvemos cobardes y nos ocultamos. Sentimos que no somos dignos y que nuestras opiniones no aportarán nada al resto de las personas. Por ello, decidimos escondernos y no participar en la sociedad. Además, no solo tenemos miedo a mostrarnos ante el resto, sino que también tenemos miedo a mostrarnos a nosotros mismos como somos, por lo que decidimos escondernos también de nosotros.

Nos damos una serie de auto mensajes negativos como, por ejemplo, no valgo para nada, mi opinión no es importante, lo que tengo que contar no le va a gustar a nadie, se van a reír de mí, no podré nunca alcanzar mis metas, etc.

Vivir obsesionado con qué pensarán los demás de nosotros puede hacer que no disfrutes de la vida y que vivas inmerso en un mar de sentimientos negativos que harán que no des el máximo de ti. La vergüenza patológica se puede convertir en un bucle desagradable:

  • Piensas que no vas a gustar al resto de las personas.
  • Tu autoestima se ve afectada por ese pensamiento negativo sobre tu persona.
  • Tu seguridad se ve afectada.
  • El bucle vuelve a comenzar porque la falta de seguridad hace que pienses que no vas a gustar al resto de persona.

Todo ello puede generar ansiedad y depresión.

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¿Cómo hacerle frente a la vergüenza patológica? ¿Cómo perder la vergüenza?

Para empezar, lo más importante es dejar de pensar en qué dirán los demás y aceptarte a ti mismo tal y como eres, con tus virtudes y tus defectos, asumiendo que el pensar, sentir o actuar de forma diferente a los demás, no te hace peor, simplemente te hace eso, diferente.

Se ha de dejar de darle valor a lo que pensarán las otras personas sobre nuestros actos. Teniendo en cuenta la información anterior te presentamos algunas claves para superar la vergüenza:

Acéptate.

La vergüenza es algo natural que puede sentir todo el mundo. No tengas miedo a sentir vergüenza. Acéptalo como algo que le puede pasar a todo el mundo. Por ejemplo, sentir vergüenza de manera puntual cuando acabamos de conocer a alguien es normal.

Deja de lado el qué dirán.

No pienses en la evaluación que harán de ti el resto de las personas, ni anticipes que tendrán una opinión negativa por el hecho de mostrarte diferente y acepta que siempre habrá alguien que haga una evaluación negativa de ti. Ten presente que no se puede gustar a todo el mundo y estate preparado para ello.

Identifica qué situaciones te generan más vergüenza.

Cuando tomamos conciencia de en qué situaciones o con qué personas nos sentimos más avergonzados es más fácil poder disminuir esta emoción.

No pretendas alcanzar la perfección.

La vergüenza es autocrítica y surge cuando creemos que tenemos que ser mejores que nuestros estándares. Intentar no ser perfecto puede ayudar a no compararnos con nuestros estándares de la misma manera. Simplemente muéstrate tal y como eres.

Cree en tu persona.

El lenguaje no verbal es muy importante, muéstrate seguro y convincente. Aunque no creas en ti date el derecho de ser quién eres de la misma manera que les das el derecho a los demás de ser quienes son.

Exponte gradualmente.

Realiza ejercicios de exposición gradual, es decir, vete exponiéndote poco a poco a las situaciones que menos vergüenza te dan para finalizar con las que más vergüenza te provocan. Analiza las situaciones y tus respuestas.

Pide ayuda.

Si la vergüenza te limita y hace que no puedas desempeñar tus actividades del día a día con normalidad pide ayuda psicológica.

 

¿Qué opina la sociedad de la vergüenza?

Hemos mencionado que la vergüenza puede ser natural o patológica dependiendo de las consecuencias que genere en nosotros. Sin embargo, mediante algunos sinónimos de esta palabra (humillación, deshonra, infamia, ultraje, indecencia, degradación, torpeza, escándalo) podemos ver que ésta, socialmente, se califica como algo negativo y que se liga a sentimientos negativos cuando muchas veces es algo normal y natural.

Todo ello puede hacer que pensemos que sentir vergüenza es malo, que nos sintamos mal por sentir vergüenza y que entremos en el bucle antes mencionado, cuando en ocasiones es normal y adaptativo. Recuerda que una de las claves para perder la vergüenza es aceptar que todo el mundo puede sentirla.

Al conocer a alguien nuevo es natural sentir miedo y vergüenza porque no sabemos nada acerca de su persona. Por lo tanto, sentir miedo y vergüenza no tiene porqué ser siempre patológico.

En resumen, la vergüenza es algo natural, aunque si te limita en la vida diaria puede convertirse en patológico. Si no puedes controlar esta emoción por ti mismo pide ayuda y recuerda que como dijo Elsa Punset: 

Con los miedos y las vergüenzas se escapan también por el desagüe casi todas las cosas inesperadas y divertidas, las oportunidades y los encuentros insospechados.